Detrás de cada atleta especial ... hay una madre especial


Detrás de cada atleta especial ... hay una madre especial
Rafaela Mejía, Sabrina Alba y Roberta Lucas con sus hijos Fausto, Michael y Zail en las canchas de tenis del Centro Olímpico.

Mario Emilio Guerrero
Santo Domingo
Ellas son madres orgullosas y se sienten bendecidas porque sus hijos han logrado, a través del deporte, ser felices y sentirse parte de un proyecto que los toma en cuenta y valora.

Todas coinciden en señalar que participar en Olimpiadas Especiales ha sido lo mejor que le ha podido suceder a su vástagos y que el sacrificio de entrenar y participar en las competencias no ha sido en vano. 

Los días martes, jueves y sábado de cada semana, ellas se encargan de llevar a sus hijos a los entrenamientos en las canchas del Centro Olímpico, con miras  a su participación en el Torneo Mundial Invitacional de Tenis de Olimpiadas Especiales, que se celebrará  del 9 al 17 de noviembre, en el Parque del Este de esta ciudad.

Dentro de las pistas los chicos son preparados por sus entrenadores,pero fuera de ellas tienen en sus madres el mayor soporte y la mayor de las compañías.

“Los días en que le toca tenis, él mismo busca su uniforme y su raqueta”, cuenta Rafaela Mejía, madre de Fausto, quien ha jugado tenis durante 10 de sus 25 años.

“Ya es noviembre”?

Cómplice de su hijo durante esta década, que le ha llevado a competir en los Juegos de Olimpiadas Especiales de Grecia y en el evento de Olimpiadas Especiales de Tenis en Panamá, Rafaela dice que el afán de Fausto es tanto por participar en este evento, que “siempre pregunta si ya es noviembre”.

Desde las 3:00 de la tarde de cada día de práctica, estas madres no solo observan y se centran en sus hijos de manera exclusiva, también disfrutan de los entrenamientos de cada uno de los integrantes del equipo, de quienes igualmente se mantienen pendientes en todo momento.

Para algunos de estos jóvenes, el tenis ha significado un gran cambio, pues se ha convertido en un factor motivacional en sus vidas, y por supuesto, les ha servido para mejorar sus habilidades físicas.

“Antes él pasaba mucho tiempo en la casa y no le gusta estar dentro de cuatro paredes por mucho tiempo. El tenis ha servido para que comparta y socialice con otros jóvenes y con sus profesores”, explica Roberta Lucas, madre de Michael Moreno, quien siempre conserva el buen humor dentro de la cancha.

“Nunca imaginé que él podría representar al país en algún deporte y su padre tampoco lo creía, porque  nunca le llamó la atención la actividad física. Sin embargo, ahora está tan motivado de participar en el Torneo, que estamos todos volcados en el tenis”, narra Sabrina Alba, madre orgullosa de Zail Bretón, quien también conforma la selección nacional.

Abnegación

Conociendo poco o nada de tenis, estas madres se han involucrado por completo en el desarrollo de sus hijos dentro y fuera de las canchas, disfrutando cada detalle de su proceso de aprendizaje con miras a ser mejores atletas especiales, pero sobre todo mejores seres humanos.“Disfruto verlos, uno goza muchísimo en sus prácticas de tenis, uno corrige al otro, y pasarlo aquí con ellos es fascinante”, cuentan.